Queridos mios, hoy os escribo para informaos de que ayer, Domingo acudí a un certamen de relatos de amor, en el cual participe, el Sábado me informaron de que estaba entre los tres finalistas, por lo cual daba casi por echo que iba a ganar el concurso, algo dentro de mi me lo decía y bueno para disgusto mío no fue así, quede en segunda posición y bueno el premio fue más que rancio por lo cual no me explayo mucho, todo el mundo me ha dicho que el relato es muy bueno y que valgo para escribir, pero claro mi falta de interés no me lo permite. Os escribo para dejaos aquí mi relato, que lo leáis y comentéis si os gusta o no. También os informo que dentro de unos días le voy a dar un lavado de cara a mi blog y lo voy a modernizar un poco, en mi opinión es un poco simple, muchas gracias y espero que disfrutéis con el relato.
"Salí de aquel bar lo más rápido posible, tenía que llegar a casa antes
de que mi marido notara mi prolongada ausencia, la alegría de haber estado con
Geremy recorría todo mi cuerpo, cada paso que daba me hacía recordar sus besos,
sus caricias, aquella mirada tímida y azul, su sonrisa. Era 8 de Febrero de
1956. La oscuridad de la noche se cernía sobre mi rostro. No dejaba de pensar
en mi amado. Apenas nos conocíamos hacía 2 meses y le amaba más que a mi vida.
Era algo peligroso, pero mi cuerpo no podía luchar contra el amor, algo me lo
impedía. Llegué a casa, las luces estaban apagadas. Damián no debía de haber llegado
todavía. En mi interior sentí un gran alivio. Busque rápidamente las llaves,
las encajé en la cerradura y lentamente abrí la pesada puerta. La casa estaba
fría. Dejé el bolso en la mesa del recibidor y pase al salón, papeles tirados, cristales
rotos, fotos quemadas. El humo del cigarro jugueteaba sobre la cabeza de Damián.
Su mirada fría y perdida, no decía nada, sólo me miraba. Sostenía un vaso de whisky
en la mano derecha. Me acerqué a encender la luz del saló. El seguía sin
apartar la mirada. Se levantó, se dejó ver, su rostro manchado de sangre, su
camisa blanca teñida de un color rojo. Tiro el vaso de whisky. La casa se llenó
del sonido del cristal roto. Andaba lentamente hacía mí. Dio una última calada
al cigarro, que tiró con fuerza contra la alfombra. Silencio. Mi cuerpo frío
yacía en el suelo; mis ojos vacíos, por mis blanquecinas mejillas merodeaban
lentamente lágrimas; mis labios, rojos. ¿Dónde estoy? ¿Sigo viva? Mi cuerpo
continuaba inerte en la alfombra teñida de sangre, pero mi espíritu seguía
aquí. El silencio dominaba la casa. La puerta estaba abierta pero Damián había desaparecido. Sentí que no
estaba sola, había algo en aquel lugar, algo importante. Subí las escaleras y
me detuve delante de la puerta de mi dormitorio. Por debajo se podía ver una
luz, brillante y bella como nunca se hubiera visto. Giré el picaporte. Ahí estaba él, Geremy, el hombre que amé, el
único capaz de hacerme feliz. Me acerqué lentamente, sin hacer demasiado ruido,
y con mi mano roce su espalda, me besó. Aquella extraña luz apareció de
repente, cada vez se hacía más reluciente, por cada beso, cada caricia, cada
mirada que Geremy me daba, la intensidad de esa luz aumentaba, ya no tenía
miedo. Me cogió la mano, miramos hacía la luz, era preciosa. No podíamos apartar
la vista de ella, sus ojos azules se volvieron vidriosos. Tras el último beso
todo se desvaneció."
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